
Por Ing. Héctor A. Silva Sánchez
¿Qué ocurriría si omitimos la harina durante la elaboración de un pastel? Consecuencias similares se pueden obtener al olvidar el software en la informática educativa.
Los programas para computadoras, también llamados "software", no solamente son un elemento indispensable para que éstas funcionen. De hecho, es el software el que determina el "comportamiento" de las computadoras y por tanto, su utilidad. A pesar de esto, en nuestro país, aproximadamente el 75% de los planteles educativos equipados con centros de cómputo, tienen programotecas (colecciones de software) con tres o menos programas (!), los cuales a menudo ni siquiera son educativos. Esta situación hace evidente que la magnitud del beneficio que la tecnología computacional puede ejercer sobre la educación, está muy por debajo de su potencial.
Resulta lamentable que, tras el gran esfuerzo económico que representa la compra del equipo computacional para montar un laboratorio de cómputo, éste reporte beneficios muy inferiores a su potencial por la falta del software adecuado, el cual a menudo cuesta mucho menos que el equipo. Es difícil de creer que la mayoría de los laboratorios de cómputo escolares trabajen al 10% de su capacidad por la falta del 10% de sus recursos. La pregunta obvia ante tal circunstancia es ¿por qué?. La respuesta, ya no tan obvia, nos conduce a varias razones: (1) la piratería, (2) la concepción errónea de eficiencia económica, (3) la falsa sensación de autosuficiencia, (4) la falta de asesoría profesional, (4) la “insatisfacción” por la oferta de software y (6) la naturaleza intangible del software.
1) Piratería
Sin duda, la piratería de software es el problema número uno de la informática educativa. Consiste en el uso y/o reproducción de programas de cómputo sin los debidos derechos. Se presenta por falta de conocimientos sobre la materia o por acción dolosa. En el primer caso, profesores y directivos piensan que el software es gratuito; a veces el alumno le “regala” una copia al profesor; otras veces el profesor compra una licencia individual, y piensa que es correcto usar el programa en todas las computadoras del plantel simultáneamente. En el segundo caso se presentan variantes que van desde el engaño que piratas profesionales ejercen sobre instituciones educativas, vendiéndoles productos falsos pasándolos por genuinos, hasta la simple utilización de programas por parte de la institución, con plena conciencia del delito que se está cometiendo, a menudo minimizado porque “todos lo hacen”.
A pesar de ser la piratería de software un asunto no solo legal sino moral, resulta paradójico el hecho de que ésta se presenta sin discriminación en todo tipo de instituciones educativas, incluyendo un gran porcentaje de aquellas que pretenden educar con “valores morales”.
La piratería no solo es causa de que la industria del software educativo avance lentamente, sino que, como consecuencia de ello, el impacto de la informática en la educación se ve minimizado, pues al haber menos productores de software, existen menos opciones para la educación por computadora.
2) Concepción errónea de eficiencia económica
Ocasionalmente, directivos y maestros de cómputo encuentran en el software una "carga económica" para la institución, y por tanto, asumen como suficiente que los alumnos pasen tres o seis años de instrucción informática conociendo el "sistema operativo" y uno o dos programas de productividad. Desafortunadamente, esto tiene como consecuencia un profundo desaprovechamiento del equipo de cómputo, dejándose de lado la oportunidad de apoyar el estudio de las materias tradicionales con recursos computaciones. Esta circunstancia es similar a no usar un automóvil por no "gastar" en la gasolina, ya que, una vez que se ha hecho la mayor inversión al comprar los equipos de cómputo, se está omitiendo la inversión de software, a menudo mucho más reducida, pero que representa el mayor porcentaje del aprovechamiento del equipo.
3) Falsa sensación de autosuficiencia
Eventualmente, maestros o instructores de informática escolares, conscientes de la necesidad de contar con software que les permita apoyar sus cursos, deciden destinar parte de su tiempo para la elaboración del software necesario. Por desgracia, esta decisión suele traer como consecuencia, en la inmensa mayoría de los casos, un retraso en la adquisición de los correctos recursos de software, ya que generalmente estos proyectos no son concluidos o arrojan productos muy débiles, en comparación con software disponible comercialmente. Esto se debe a que los mejores programas educativos no son producto del trabajo a ratos de una persona, sino que suelen involucrar a equipos multidisciplinarios de desarrollo que trabajan meses o años en cada proyecto. Más aún, el aparente ahorro que representa el autodesarrollo del software educativo, en realidad se convierte en una carga económica para la institución, ya que el costo horas-hombre de un desarrollo propio resulta mucho más alto que la compra de software educativo comercial.
4) Ausencia de asesoría profesional
Conscientes de la necesidad de apoyo para tomar decisiones relacionadas con informática, generalmente los directivos escolares buscan a gente con experiencia computacional para respaldar su toma de decisiones, por lo general vendedores de computadoras. Aunque con dignas excepciones, los asesores de este tipo tienden a centralizar la solución en el equipo, lo que realmente venden, ignorando la importancia del software y del personal de cómputo. De esta manera, la idea de que el equipo es "lo importante", originada en el asesor, se asienta en el directivo, quien toma sus decisiones en función de eso.
5) Insatisfacción por la oferta de software o síndrome “príncipe azul”
Ocasionalmente, profesores y directivos escolares se quejan de que el software existente en el mercado no satisface sus requerimientos pedagógicos. Por desgracia, a menudo estas quejas no son derivadas de un verdadero análisis de las opciones existentes; por lo general son emitidas por gente que en realidad conoce sólo un pequeño porcentaje del software disponible.
Por otro lado, es cierto que sería deseable que existiera una mayor cantidad de opciones de software educativo. No obstante, el no existir aún el software pedagógicamente ideal (software “príncipe azul”) no debe ser motivo para dejar de lado la oportunidad de encontrar ya en la computadora, al poderoso aliado educativo que a todos beneficia.
6) Naturaleza intangible del software
No solo en el contexto educativo, sino en todos los órdenes de la informática, el software ha "vestido la más discreta indumentaria"; seguramente por su carácter intangible, a menudo se torna "invisible" ante los ojos de la mayoría de la gente. Esto explica que a menudo los directivos escolares piensen en el equipo y el personal, como los únicos ingredientes necesarios para montar un laboratorio de cómputo, y por tanto, destinen recursos económicos sólo a estos rubros.
No olvidemos la harina en el pastel. El contar con los recursos de software apropiados, no solamente representa un factor de liderazgo educativo, sino que en realidad es la manera de obtener un real provecho de la tecnología computacional. En la misma medida en la que exista una mayor conciencia del papel del software en la educación, existirá también un real beneficio derivado del uso de la computadora.
(C) Copyright 1998 Héctor Alejandro Silva Sánchez, Derechos Reservados
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